El sistema circulatorio cerebral consiste en arterias (que se
ramifican tal cual las ramas de un árbol disminuyendo de calibre progresivamente),
las cuales se continuan con delgados vasos llamados capilares (donde se
produce el intercambio de oxígeno y nutrientes hacia el tejido cerebral)
y las venas que reciben la sangre de los capilares y, a la inversa de las
arterias, se van reuniendo en troncos venosos de mayor calibre, con el
cual se cierra el circuitode retorno al corazón.
Un aneurisma cerebral es una deformación en una zona de debilidad en una
arteria cerebral. A menudo se lo describe como un “globo” que sobresale
de la pared del vaso y que, por lo general, con el pasaje del tiempo aumenta
de tamaño. Los aneurismas cerebrales tienen tamaños, formas y localizaciones
diferentes. La forma más común es la sacular o con forma de cereza. El saco
de un aneurisma puede medir apenas 1-2 mm, pero también puede crecer y llegar
a medir más de 25 mm de diámetro. Los aneurismas se producen con mayor frecuencia
en los puntos de ramificación de los vasos cerebrales.
Los aneurismas cerebrales no son congénitos, por lo que las personas no
nacen con ellos pero, de existir congénitamente una debilidad en la pared
de las arterias cerebrales, los aneurismas se desarrollarán a lo largo del
tiempo. Los aneurismas cerebrales se producen en personas de todas las edades,
pero son más frecuentes en las de 35 a 60 años y son extremadamente raros
en niños.
Entre las personas que presentan un aneurisma, 15 a 20% tendrán o desarrollarán
varios aneurismas, denominándose a estos casos “aneurismas múltiples”.
Se estima que, en Europa, 1-2% de la población general padece o presentará un
aneurisma cerebral en el transcurso de sus vidas. La mayoría ignora que
padece estas lesiones, porque los aneurismas son “silenciosos” y no provocan
síntomas hasta que se produce una ruptura con hemorragia o hasta que aumentan
de tamaño en forma considerable. Estudios recientes muestran una presencia
mucho mayor de aneurismas en pacientes con antecedentes familiares de aneurismas
cerebrales. La probabilidad de que se produzca hemorragia por un aneurisma
cerebral es de 1-3% por año. En el mundo occidental, de la población con
ancestros de origen europeo, 10 de cada 100.000 personas presentan cada
año un sangrado por un aneurisma.
La mayoría de los aneurismas más pequeños no provocan síntomas, salvo que
sufra una ruptura y sangrado. A medida que un aneurisma aumenta de tamaño,
puede provocar cefaleas o dolor localizado y puede ejercer presión sobre
el tejido cerebral normal o los nervios adyacentes. Esta compresión puede
producir problemas visuales, adormecimiento o debilidad en un brazo o una
pierna, alteraciones de la memoria o del habla o convulsiones.
Se ignora porqué o cuándo va a sangrar (por ruptura) un aneurisma. Muchos
factores determinan el riesgo de sangrado de un aneurisma: entre estos se
incluyen el tamaño, la forma, la localización y los síntomas provocados
por el aneurisma. Además, otros factores de riesgo incluyen el aumento de
la presión arterial, los cambios emocionales, la disminución de la “viscosidad” de
la sangre y algunos otros mecanismos.
Si un aneurisma se rompe, la sangre se escurre directamente hacia
las adyacencias, osea el cerebro, o sus envolturas, las meninges..
Según la cantidad de sangre, puede producir síntomas de cefalea intensa,
súbita, náuseas, vómitos o somnolencia y coma. Un paciente con una “hemorragia
intracraneal” con estas características habitualmente padece “la peor cefalea
de su vida”, seguida de náuseas y vómitos. También son frecuentes los síntomas
de molestias a la visión de la luz intensa, rigidez de nuca y pérdida de
la conciencia transitoria.
Cuanta más sangre ingresa al cerebro mayor es el daño. La
sangre puede irritar y dañar el vaso sanguíneo normal, lo
que produce “vaso espasmo arterial”. Las arterias con “vaso
espasmo” se cierran y en consecuencia, el tejido cerebral sano no
recibirá suficiente sangre, lo que aumentará aún más
el daño cerebral.
Las consecuencias clínicas para estos pacientes a menudo son devastadoras
y un tercio morirá antes de llegar al hospital. Entre los supervivientes,
aún cuando reciban tratamiento, un tercio morirá durante la internación
y otro tercio presentará alguna discapacidad permanente. Sólo un tercio
tendrá una evolución satisfactoria.
Luego de la ruptura, un aneurisma dejará de sangrar automáticamente después
de unos pocos segundos; no obstante, existen grandes probabilidades de que
sangre nuevamente en el futuro cercano. Si el aneurisma no se trata rápidamente,
otra hemorragia podría provocar mayor daño cerebral o la muerte.
Los aneurismas se pueden tratar desde el exterior del mismo, con
técnicas neuroquirúrgicas convencionales o desde el interior del vaso sanguíneo,
con técnicas endovasculares mínimamente invasivas.El abordaje quirúrgico
(con colocación de pequeños broches de metal llamados “clips”), requiere
la creación de una abertura en el cráneo a través de la cual se introducen
los instrumentos quirúrgicos. Se separa con delicadeza el tejido cerebral
hasta que se expone quirúrgicamente el aneurisma desde el exterior. Luego,
el cirujano coloca un “clip” en el cuello del aneurisma y, de esta manera,
lo “sella” e impide el ingreso del flujo de sangre arterial evitando una
eventual ruptura y sangrado.
A diferencia de la cirugía, el tratamiento endovascular se realiza desde
el interior del vaso sanguíneo. Se introduce un “micro catéter” desde los
vasos de la ingle y progresando a través del cayado aórtico hasta llegar
a las arterias cerebrales, llegando al aneurisma ubicado en el cerebro (véase
el diagrama).A través de este “micro catéter”, que es un pequeño tubo, se
introducen materiales en el aneurisma para rellenarlo desde el interior
e impedir que la sangre fluya dentro de él. Esta técnica se denomina “embolización”.
Los materiales más utilizados para la embolización de aneurismas son espirales
blandos de platino.En ocasiones, el tamaño, la forma o la localización del
aneurisma no permiten la colocación quirúrgica de clips ni la “embolización” endovascular.
En estos casos toda la arteria en donde se encuentra el aneurisma debe ser
excluida de la circulación.
La apoplejía cerebral o accidente cerebro vascular es un ataque cerebral
(denominado stroke en lengua inglesa) ocasionado por la interrupción
del funcionamiento de las células cerebrales, las cuales controlan
todo lo que hacemos (desde la capacidad de hablar y caminar hasta la de
respirar).
Un ataque cerebral se produce cuando una arteria del cerebro se
obstruye quedando interrumpida la circulación de sangre o cuando
una arteria se rompe produciendo una hemorragia en el cerebro.
En ambas situaciones se produce un daño del tejido cerebral causando
diferentes síntomas, según la parte del cerebro que se dañe.
Algunas regiones del cerebro pueden morir y, sin embargo, el paciente no
tendrá
ningún síntoma. Otras áreas del cerebro son más
importantes e incluso un ataque cerebral de menor magnitud en estas áreas
puede causar discapacidades severas, tales como dificultad en el habla,
ceguera, parálisis de un brazo o pierna o incluso la muerte.
La mayoría de los casos de ataque cerebral se producen cuando una
arteria se obstruye por un coágulo de sangre (formado en el corazón
o en otro lugar del cuerpo) o por la formación de depósitos
de grasa con endurecimiento en las paredes de una arteria cerebral. Cuando
un vaso sanguíneo se bloquea, la parte del cerebro irrigada por dicho
vaso no recibe suficiente sangre con contenido de oxígeno produciéndose
un infarto isquémico.
La otra causa aunque menos común de los ataques cerebrales es la
ruptura de arterias cerebrales que generan una hemorragia cerebral. Estas
consisten en un sangrado en el cerebro y se pueden deber a que las paredes
de estos vasos sanguíneos se han debilitado en ciertos segmentos
y se rompen por un pico de presión arterial o como sucede en el caso
de malformaciones vasculares: los aneurismas cerebrales, los angiomas cerebrales
y las fístulas arteriovenosas cerebrales.
En su recorrido desde la aorta hacia la región del cerebro que irrigan,
las Arterias Carótidas y las Arterias Vertebrales transcurren desde
la aorta por el cuello hasta la base del cráneo donde ingresan al
cerebro propiamente dicho (figura 1). Allí estos vasos arteriales
normales se dividen en ramas cada vez más pequeñas como sucede
con el tronco y las ramas de un árbol. Al llegar a su destino que
es el tejido cerebral, las ramas arteriales ya se han ramificado en numerosos
vasos diminutos denominados capilares.
Estos capilares tienen el diámetro de una única célula
sanguínea, aproximadamente un quinto del diámetro de un cabello
humano. Dado que existen tantos capilares, el suministro de sangre en ellos
es lento y a baja presión permitiendo de esa manera que se lleve
cabo el intercambio de oxígeno y nutrientes hacia las células
cerebrales (figura 2).
Una estenosis arterial es un estrechamiento de la luz de una arteria:
dicha reducción produce mayor resistencia al pasaje de sangre con
la consiguiente turbulencia y aumento de velocidad de la misma al transcurrir
por dicho segmento. Estas estenosis pueden ser provocados por envejecimiento
arterial que produce endurecimiento y tortuosidad en el trayecto de las
arterias tanto el cuello como en su ramificación al ingresar en
el cerebro (figura 3).
Otras veces se producen engrosamientos de las paredes de las Arterias
Carótidas y Vertebrales en los sitios de mayor turbulencia sanguínea
que son en los orígenes y en las divisiones de estas arterias. Estos
engrosamientos protruyen hacia el interior de la luz de las arterias reduciendo
el calibre y generando la obstrucción al flujo de sangre antes comentada.
Estas obstrucciones localizadas se denominan placas de ateroma y pueden
presentar diferentes características.
Las placas de ateroma consisten habitualmente de una proliferación
localizada de tejidos inflamatorios de la pared arterial con acumulación
de grasa. Para que se produzcan de deben sumar una serie de factores como
ser antecedentes familiares, alimentación con excesos de azúcares
y grasas, trastornos metabólicos, tabaquismo, etc. Estas “placas
de ateroma” aumentan de espesor lentamente y dependiendo de su antigüedad
también pueden presentar calcificaciones y hemorragias o eventualmente “romperse” en
su superficie expuesta al pasaje de sangre por la arteria constituyendo
una “úlcera” que se asemeja a un pequeño “cráter”.
Cuando esto sucede la superficie de la placa de ateroma se torna
irregular y genera al “pegoteamiento” sobre su superficie de
elementos presentes habitualmente en la sangre como ser fibrina, plaquetas,
glóbulos blancos y finalmente glóbulos rojos dando origen
a un coágulo denominado “trombo” que de crecer de manera
suficiente puede llegar a obstruir completamente la arteria y producir una “trombosis” arterial.Otras
veces sucede que al pasar la sangre por el estrechamiento del vaso puede
arrastrar detritus y pequeños trombos de estas “úlceras” y
llevarlos con la circulación hasta las divisiones arteriales en el
cerebro constituyendo una “trombo embolias” cerebral.
Sí. Existen oportunidades en las cuales afecciones de otro origen
pueden producir una rémora en la circulación de la sangre
a nivel del corazón o trastornos en los mecanismos normales de coagulación
que generen coágulos en alguna de las cavidades cardíacas
y estos viajen con la sangre llegando al cerebro y ocluyendo arterias normales.
En estos casos de puede hablar de cardio embolias y dichos accidentes también
constituyen embolias cerebrales (figura 3).
Ya fuera por trombosis de una arteria del cuello o una embolia
de una arteria cerebral los síntomas neurológicos constituirán
un accidente cerebrovascular isquémico y los síntomas corresponderán
a los del territorio cerebral que deja de recibir circulación. Por
ejemplo, si se sucede una obstrucción en el territorio de la Arteria
Carótida izquierda que lleva sangre a las tres cuartas partes del
hemisferio cerebral de ese lado se producirá una pérdida
de movimientos y sensibilidad del lado derecho del cuerpo así como
trastornos del lenguaje, ya que en ese hemisferio se localizan las áreas
correspondientes a esas funciones.
Estos síntomas pueden ser de comienzo brusco o ictus o de evolución
lenta con regresión de síntomas al cabo de unas horas, denominándose
a estos últimos accidentes isquémicos transitorios.
Muchas de estas lesiones obstructivas son diagnosticadas recién cuando
se produce un accidente cerebrovascular isquémico. En otras ocasiones
las mismas son detectadas en el curso de exámenes periódicos
con el médico clínico o cardiólogo quien puede solicitar
ante su sospecha de estudios complementarios como ser la ecografía
vascular de vasos de cuello. Si estos hacen sospechar una lesión
obstructiva de vasos de cuello o cerebro se completará con un estudio
angiográfico cerebral. Este último puede ser efectuado también
por Ecografía (figura 4), Tomografía Computada (figura 5)
o Resonancia Magnética (figura 6) o bien una Angiografía Digital
por cateterismo.
Una angiografía por cateterismo es un estudio de diagnóstico,
realizado en general por un neuroradiólogo, para ayudar a determinar
la causa de un ictus y los tratamientos alternativos. Para realizarlo se
introduce un tubo muy delgado y flexible denominado catéter en una
arteria (en general de la ingle) y luego se lo direcciona a través
de los vasos sanguíneos del cuerpo hasta las arterias que irrigan
el cerebro (figuras 8).Esto se realiza en una sala de angiografía,
utilizando rayos X para monitorear la posición y movimientos del
catéter (figura 9).
Un líquido denominado contraste, que puede verse con rayos X, se
inyecta a través del catéter y se obtienen imágenes
radiológicas. Esto brinda imágenes detalladas de la ubicación,
tamaño y forma de la obstrucción arterial, así como
también un mapa del árbol arterial de la cual surge.
Sí. En algunos casos seleccionados en los que el paciente es rápidamente
admitido en el hospital y si no se han superado un número de horas
se pueden realizar tratamientos para disolver los émbolos de coágulos
que obstruyen las arterias cerebrales mediante la administración
de sustancias que se denominan fibrinolíticos.
Los mismos pueden ser administrados por vía endovenosa (fibrinolisis sistémica) o por cateterismo directo de la arteria ocluida (fibrinolisis selectiva). Para esta última opción se utiliza la misma técnica y equipamiento de una angiografía pero con catéteres mas delgados y flexibles (microcatéteres) que pueden navegar las arterias cerebrales sin inconvenientes.
En el caso que las obstrucción que genera la placa de ateroma supere
determinado porcentaje de la luz normal de la arteria se puede hacer necesario
realizar una intervención quirúrgica consistente en el abordaje
de la arteria en el cuello seguida de su apertura y limpieza con instrumental
apropiado de la placa para restablecer una circulación normal a dicho
nivel.
Otra posibilidad es el tratamiento de la estenosis desde el interior
de los vasos sanguíneos a través de la angioplastía
transluminal percutánea (ATP) que utiliza la técnica endovascular
como procedimiento mínimamente invasivos sin abrir el cuello. El
tratamiento se realiza en la unidad de angiografía con un catéter
similar al utilizado durante la angiografía por cateterismo. Por
el interior del mismo de progresa un catéter balón por las
arterias del cuello, base de cráneo o cerebro hasta llegar a la lesión.
A través del catéter se infla el balón que dilata mecánicamente
la obstrucción restableciendo el flujo normal de sangre.
Para evitar que durante las maniobras de dilatación se produzcan
embolias accidentales se utilizan filtros más allá de los
catéteres de ATP para evitar el pasaje de émbolos hacia las
arterias cerebrales. En algunos casos, la ATP puede por sí sola curar
la lesión estenótica en forma permanente pero para evitar
que la misma se repita se usan en la actualidad camisas cilíndricas
de un enrejado muy delicado denominados stents. Con estos dispositivos la
posibilidad que se reproduzca el estrechamiento arterial a ese nivel se
reduce sensiblemente.
El tratamiento endovascular de las enfermedades obstructivas arteriales
constituye un procedimiento relativamente nuevo y exige capacitación
especializada. La mayor parte de los Terapistas Endovasculares son médicos
neurorradiólogos o hemodinamistas que recibieron capacitación
adicional (entre uno y tres años) a su formación de especialistas
en estas técnicas de tratamiento por cateterismo endovascular.
Los procedimientos de angioplastía pueden realizarse bajo una sedación
suave o bien anestesia general. A menudo es imposible predecir la duración
del procedimiento y los familiares no deben asustarse sólo porque
un procedimiento lleve más de lo esperado. Luego de completar el
procedimiento, el paciente deberá
permanecer inmóvil, recostado boca arriba durante ocho horas. Este
período de reposo permite la curación del orificio de la aguja
en la arteria inguinal. En general, el paciente permanece en observación
en el hospital unos días antes de regresar a su hogar. En casos de
varias lesiones en diferentes arterias del cuello y del cerebro pueden ser
necesarios varios procedimientos de angioplastía para dilatar esos
estrechamientos y normalizar el flujo sanguíneo hacia el cerebro..
Resulta importante comprender que el tratamiento de las obstrucciones
arteriales mediante angioplastía y colocación de stents no
reparan las áreas ya dañadas permanentemente como consecuencia
de un ictus.En estos casos se tratará la obstrucción para
evitar un nuevo accidentes cerebrovasculares y en el caso de que nunca
se hubieran producido para prevenirlos. Un paciente que ha padecido un
ictus severo necesitará
continuar con atención médica intensiva aún luego de
haberse realizado una angioplastía o extraído quirúrgicamente
la placa de ateroma.
La mayoría de los pacientes tratados mediante ATP y/o cirugía también deben continuar medicados convenientemente y volver para efectuarse una angiografía por ecografía vascular, tomografía, resonancia y eventualmente por cateterismo las que suele realizarse varios meses después del tratamiento.Éste control mostrará cuánto de la estenosis perdura, y si se necesita una mayor seguimiento o reintervención.
Es un procedimiento diagnostico que consiste en la visualización de los
vasos arteriales. Se utilizan rayos X y se realiza mediante la
inyección
de un medio de contraste, generalmente yodo.
Cuando este estudio se realiza en las arterias coronarias, se lo suele llamar Cineangiografía o Coronariografía (CCG) y es muy útil para diagnosticar las lesiones que obstruyen a estas arterias y que pueden provocar infarto cardiaco.
Estos estudios se hacen por punción de la ingle o en la muñeca. Suelen ser indoloros y se realizan con anestesia local. Se progresa por dentro de las arterias con un pequeño tubo plástico llamado catéter a través del cual se inyecta la sustancia iodada, que permite visualizar los vasos. De ahí que muchos médicos le denomine “cateterismo” a este tipo de procedimiento. Luego de finalizado el estudio, el paciente debe reposar durante 4-6 hrs. en una habitación o sala de recuperación y posteriormente puede regresar a su domicilio.
En nuestro Servicio, los pacientes se retiran con el informe y el CD para ser evaluado por el medico de cabecera del paciente.
Es un procedimiento terapéutico que consiste en la desobstrucción de arterias previamente ocluidas mediante técnicas endovasculares. Estas técnicas son mínimamente invasivas y no suponen apertura quirúrgica del área a tratar. Se realizan a distancia, habitualmente desde la ingle, y navegando por las arterias con un catéter, se accede al sitio a tratar (corazón, carótidas, arterias renales, de las piernas, etc.). Se utilizan diminutos balones (globos) que dilatan las arterias y usualmente se complementa mediante el implante de una malla metálica que mantiene la arteria permeable por mas tiempo (stent). Estos procedimientos también se realizan con anestesia local y requieren internación de 24-48 hrs. Se obtiene una altísima tasa de éxito, mayor al 95% y se acompaña de un índice muy bajo de complicaciones (menos del 5%), es por esto que es el tratamiento preferido para tratar las enfermedades obstructivas de las arterias. Sin embargo, en casos de obstrucciones muy extensas o en algunos territorios, quizá su medico sugiera otro tratamiento, como la cirugía o drogas vasodilatoras.
Consiste en la oclusión voluntaria de una arteria o de enfermedades que
afectan a éstas. Se utilizan múltiples agentes oclusores, como pequeñas
espirales de platino (coils), partículas pequeñas de calibre estandarizado,
líquidos similares a los pegamentos sintéticos, etc.
Este tratamiento puede ser preventivo, como la oclusión de dilataciones arteriales con alto riesgo de sangrado (aneurismas o malformaciones vasculares) o curativo como en los casos de pacientes en grave estado y hemorragias masivas (digestiva, pulmonar, nasal, ginecológica, post traumatismos, etc.).
Se accede al vaso enfermo o causante del sangrando desde la ingle,
y, también mediante el uso de catéteres, se ocluye la o las arterias enfermas.
En general estos pacientes se encuentran en estado delicado por
su hemorragia y suelen estar internados varios días hasta la resolución
definitiva de su enfermedad.
Algunas variantes de la embolización son la quimioembolización, que es un tratamiento oncológico que consiste en la inyección de drogas y agentes embolizantes en algunos tipos de tumores el hígado, y el tratamiento de los fibromas uterinos. Estos son formaciones benignas muy frecuentes en mujeres jóvenes y que, mediante la embolizacion, pueden ser tratados exitosamente, evitando la cirugía uterina en 90% de los casos.
Es una técnica diseñada para excluir de la circulación grandes aneurismas de aorta u otras arterias de gran calibre. Se utilizan endoprótesis que son dispositivos que tapizan a las arterias desde adentro y excluyen a las dilataciones aneurismáticas de la circulación. Estas endoprótesis son de mayor diámetro y requieren una incisión en la ingle. Se evita de esta manera la apertura quirúrgica de la cavidad abdominal o torácica, disminuyendo los riesgos para el paciente. Sin embargo, estas prótesis requieren mayor vigilancia durante el periodo post operatorio debido a la posibilidad de migración de las mismas. A pesar de ello, el tratamiento endovascular esta siendo cada vez mas indicado por los médicos especialistas debido a sus resultados y menores riesgos para el paciente.
La red de arterias, capilares y venas por las cuales circula la
sangre en el cuerpo pueden presentar anomalías en su conformación o bien
participar en la irrigación de diferentes lesiones (figura 1). Existen
diferentes maneras de efectuar estudios para visualizar este sistema vascular
y poder realizar un correcto diagnóstico en el caso de presentarse una
anormalidad. En el caso del cerebro y la médula espinal estos estudios
diagnósticos son de dos tipos: los denominados “no invasivos” y los “invasivos”.

Los primeros son aquellos que emplean al Ultrasonido y la Resonancia Magnética
Nuclear como métodos para generar imágenes, las cuales reciben
el nombre de Ecodoppler (figura 2) y Angio Resonancia (figura 3) respectivamente.
Estos exámenes permiten apreciar la anatomía vascular del
sistema nervioso con algunas limitaciones pero, por ser “no invasivos” son
completamente inocuos, se utilizan en el curso de exámenes periódicos
con el médico clínico o neurólogo, quien los puede
solicitar ante la sospecha de alguna afección vascular.

Los estudios angiográficos “invasivos” son los que requieren
de la inyección por vía venosa o por vía arterial
de sustancias opacas a los Rayos X, que permitirán la visualización
del árbol arterial mediante sofisticados
equipos radiológicos computados de la enfermedad o en aquellas oportunidades
en que se requiere de una mejor definición de las estructuras vasculares
cerebrales o medulares. Tomografía Axial Computada (TAC) o Angiografía
Digital.
Estos estudios se denominan “Angio Tomografía Computada” (figura
4) y “Angiografía Digital de Cerebro por Cateterismo” (figura
5). Este último tipo de estudio queda reservado para aquellos casos
en que los demás métodos presentan dudas para llegar al diagnóstico
de la enfermedad o en aquellas oportunidades en que se requiere de una
mejor definición de las estructuras vasculares cerebrales o medulares.

Una Angiografía Digital de Cerebro por Cateterismo es un estudio
altamente especializado de las enfermedades
cerebrovasculares, que es realizado habitualmente por un médico neuroradiólogo,
para ayudar a determinar la causa de un ictus y los tratamientos alternativos.
Este estudio se realiza en una sala de angiografía, utilizando Rayos
X para monitorear la posición y movimientos del catéter. Si
bien se trata de un estudio diagnóstico el mismo se lleva a cabo
en condiciones de esterilidad quirúrgica por lo cual el personal
de sala utiliza ropa y guantes estériles. (figura 6).
Para efectuarlo, un tubo muy delgado y flexible denominado catéter
se introduce por punción de una arteria (en general localizada en
la zona inguinal) y luego se lo direcciona a través de los vasos
sanguíneos del cuerpo hasta las arterias que irrigan el cerebro (figura
7). Un líquido denominado agente contraste, que puede verse con Rayos
X, se inyecta a través del catéter y se obtienen imágenes
radiológicas. (figura 8). Esto brinda imágenes detalladas
de la ubicación, tamaño y forma de las arterias, capilares
y venas donde se identificará la afección correspondiente,
como ser una obstrucción, un aneurisma o una malformación
arteriovenosa o fistulosa. Durante el procedimiento, el paciente se encuentra
despierto para que el equipo médico y paramédico pueda darle
instrucciones que debe seguir convenientemente. En caso de pacientes no
colaboradores por su estado neurológico o niños, se puede
requerir de asistencia anestésica durante el procedimiento. Un exámen
angiográfico cerebral de rutina tiene una duración cercana
a los 30 minutos.
La angiografía por cateterismo se considera un estudio seguro pero
por tratarse de un procedimiento invasivo
pueden generarse complicaciones, las cuales son relativamente
infrecuentes. Generalmente estas complicaciones están relacionadas
con la gravedad de la enfermedad vascular que presenta el paciente
al momento del estudio. Sin embargo, también existen otras derivadas
de fenómenos
de intolerancia del organismo a los medicamentos y agentes de
contraste utilizados para efectuar la angiografía. Es conveniente,
por lo tanto, que de presentar el paciente antecedente de alergias
a medicamentos o contrastes con yodo lo manifieste previo a la
realización
del procedimiento. Los servicios de hemodinamia neurológica se encuentran
adecuadamente provistos de los elementos necesarios para tales
contingencias y equipos médicos y paramédicos se hallan entrenados
para su inmediata y efectiva resolución..
Los estudios son programados con antelación y el paciente debe cumplir
una serie de requisitos previos al procedimiento mismo. Habitualmente se
le solicita guardar ayuno de 6 a 8 horas antes del horario previsto, ingiriendo
su medicación habitual salvo aquella que le haya sido suspendida
por orden de su médico. Tal es el caso de los pacientes diabéticos
medicados por vía oral, que deberán suspender la dosis de
hipoglucemiantes
mientras mantengan el ayuno o en caso de administrarse insulina
deberán consultar previamente la manera a proceder.
Aquellos pacientes que se encuentran bajo medicación anticoagulante
por vía oral deberán suspender la misma con varios días
de anticipación y consultar a su médico hematólogo
acerca de la medicación sustitutiva
transitoria a recibir.
Luego de efectuado el estudio el paciente debe permanecer en observación
de cuatro a seis horas a fin de observar reposo, dado que se le
ha efectuado una punción arterial para introducir el catéter
durante el estudio y también para efectuar controles vitales.
Una vez descargado el paciente debe realizar reposo domiciliario
por el resto del día y reiniciar su actividad habitual al día
siguiente evitando realizar esfuerzos físicos y deportes durante
las siguientes 48 a 72 horas. En aquellos casos en el que el paciente tiene
indicación de tratamiento anticoagulante el mismo deberá ser
reiniciado unas horas después siguiendo las indicaciones del personal
que le ha efectuado el estudio.
Habitualmente el médico que ha realizado el estudio se comunicará con el profesional de cabecera del paciente quien ha solicitado el estudio para darle un informe preliminar del examen realizado y al paciente se le entregará luego una copia del estudio con el correspondiente informe definitivo.