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Historias de vocación y sacrificio en el Hospital de Niños Dr. Ricardo Gutiérrez Parte 2

Estas son historias reales en un hospital de niños que atiende diariamente a 1500 pacientes y salva vidas todo el tiempo.

En el hospital también ocurren milagros, o al menos eso cree Modesta Domínguez, de 40 años, quien considera que su bebé debería apellidarse Gutiérrez: “no tengo palabras para agradecer a los médicos y enfermeras. Son mis ángeles. Iván nació en el Parisién, de La Matanza, a donde llegué después que se me desprendiera la placenta. Se quedó sin sangre, lo transfundieron esa noche y me dijeron que probablemente no iba a vivir. Que le quedaban dos minutos de aire. Tenía intestino, riñones y sistema respiratorio muy complicados. Me derivaron al Gutiérrez donde vivimos cinco semanas y le salvaron la vida”, narra esta mamá paraguaya.

Mientras tanto, en una salita de enfrente, se escucha llorar a Fausto Gael Martínez, un neonato de apenas cuatro días que llegó en emergencia desde Bariloche, mediante un avión sanitario. Acaba de ser operado por una malformación congénita y en este momento debería estar alimentándose del pecho de su madre. Deberá hacerlo con leche materna que le alcanza su papá, mientras esperan que la madre regrese del Hospital Fernández, a donde tuvo que asistir para que controlen la herida de su cesárea.

Los pasillos de Neonatología, como muchos otros pasillos, desembocan en galerías que rodean a los jardines internos del hospital. Allí hay hamacas y otros juegos para que los chicos se entretengan mientras sus padres fuman o descargan de algún modo las tensiones. También es territorio de payasos, que alegran a los más pequeños durante la estadía, siempre que se pueda, tanto como sea posible…

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